La mejor forma de alcanzar una alimentación sana y equilibrada es, sencillamente, y en condiciones de salud normales, comer de todo siguiendo los siguientes criterios generales que deberán verse reflejados en la frecuencia diaria o semanal. En consecuencia, la alimentación saludable debe reunir cuatro características básicas :
Suficiente, en energía y nutrientes, ajustándose a las raciones recomendadas según la edad sin carencias ni excesos.
Variada, deberemos de incluir raciones de cada uno de los grupos de alimentos.
Equilibrada, en las raciones suministradas estén en proporción adecuada.
Adaptada a cada edad.
Así adaptaremos las necesidades nutricionales para conseguir un óptimo estado de salud, en cualquier etapa de la vida.